No es nada fácil desenvolverse en un terreno de juego como lo hace Leo Messi. Tampoco lo es el hecho de que de sus botas surja la magia que permita inyectar un plus, tremendamente valuoso, de moral e ilusión a toda una plantilla de compañeros mayores que él.. y por extensión a 90.000 personas que corean su nombre, rendidos, en éxtasis.
Leo guarda, bajo esa pinta de chico tímido y humilde, la esencia del fútbol: El talento. Eso que muchos desearían tener.. y otros creen que se consigue entrenando duro y evidentemente se equivocan. La verdad del fútbol, es el talento. Es eso con lo que uno nace y sin entender muy bien de donde viene, ni porqué, está ahí.. se respira, se percibe y con un poco de suerte, ese talento llegará a ser reconocido, admirado e irrefutable. “Eso”, llamado talento, el verdadero talento, ha estado al alcance de muy pocos jugadores en la historia del fútbol. Leo, hasta ahora es el último de ese linaje.
Y es que cuando Leo Messi, con sus escasos 170 centímetros decide jugar al fútbol, el mundo deja de girar, el universo se vuelve esférico y se pega a la bota izquierda de “la pulga”.. que lo controla y lo mima como nadie.
Leo es humano, por supuesto, pero no lo parece. El chico no conoce lo que es la presión. Solo hay que observar su rostro durante el partido.. impasible, frío y concentrado. El de Santa Fe saca provecho de una innata maestría en el regate que le permite irse por la izquierda o por la derecha y solo le importa una cosa: De qué forma puede mermar más la moral de su rival. En cada recorte Leo improvisa. Es un espectáculo verlo bailar su tango particular sobre el césped del Camp Nou.
El pasado sábado Leo se hizo un poco más mayor, un poco más grande, un poco más leyenda.
El mundo entero compara, de la mano de su suegro Diego Armando Maradona, al “Kun” Agüero con Leo. Diego tiene autoridad para hablar por ser quien es, pero no para decir cualquier cosa. Todos recordamos cuando Agüero aún era un desconocido en nuestra liga, a Maradona alabando el juego de Messi y cediéndole el “trono virtual” de sucesión al pequeño jugador del Barça. Parece que todo haya cambiado ahora que Diego y Agüero serán familia. Y Leo habló en el campo, donde mejor lo sabe hacer.
Messi, brillante en todas las facetas del juego, borró literalmente cualquier atisbo de duda de quién es mejor. Aguero tiene calidad. Muchisima. Tiene galones de gran jugador y como Leo, es capaz de echarse el equipo a la espalda y ofrecer, casi siempre, algo más que el resto. Pero Leo, además, gracias a su talento puede multiplicar la calidad de sus compañeros y hacerlos mejores jugadores. Y eso está al alcance de muy pocos.
Messi hizo grande al Barça y el Barça, agradecido, hizo grande a Messi. Fué el partido perfecto.
Leo hizo de todo y todo lo hizo bien. Marcó, asistió, corrió, dribló, provocó la desesperación de la defensa rival y demostró que hay pocos más inteligentes y más concentrados en el juego que él. Leo encandiló a un estadio, a una ciudad, a un país, a un universo que se rindió, una vez más, al juego del 10. Por fin, el 10.
Los que pudimos disfrutar de la orgía de fútbol del pasado sábado en el Camp Nou y lleguemos a viejos, podremos contar a nuestros nietos que a los ocho minutos de juego el marcador reflejaba 3 a 0 y que aquello no había hecho más que empezar. Parecía un espectáculo de danza al más puro estilo argentino. Un tango sensual, bien llevado, marcando los tiempos en todo momento y punzando cuando era necesario.
La esencia de Leo, su talento, embriagó primero a sus compañeros y después a todo el estadio. El argentino es diferente. Mete miedo. Consigue imponer su magia y sale crecido de cada envite y de cada patada recibida, porque hace más daño él con sus fintas que el rival clavando los tacos. Messi es un regalo para el fútbol y el fútbol lo tendrá que acabar reconociendo como su rey.
Leo está dejando imágenes, momentos y sensaciones que perdurarán para siempre en la memoria de los aficionados a este deporte y eso tiene mucho más valor que cualquier estadística, por mucho que les pese a algunos.
Gracias Leo, por ennoblecer el juego hasta límites que no conocíamos. Gracias por poner tu talento y tu humildad al servicio del deporte.
De vez en cuando, sencillamente, hace falta que aparezcan futbolistas como él. A mí al menos me hacen recuperar un poco la ilusión porque me recuerdan que en el fútbol, a pesar de todo, aún queda sitio para la magia. Llámame nostálgica ;)