Hace poco que La Vanguardia ha abierto su hemeroteca para que todo el que quiera consulte libremente.
Lo más inmediato que se piensa al tener ante sí esta impresionante fuente de información, es retroceder en el tiempo y llegar hasta el día del nacimiento de uno, para ver qué ocurrió tal día.
La verdad es que el 11 de julio de 1980 (que fué viernes), no sucedió en principio nada destacable: Jimmy Carter se reunió con el primer ministro chino de la época en Kioto, el “maillot amarillo” del momento, el francés Bernard Hinault se retiró del Tour por una lesión en su rodilla.. en fin, como cualquier mes de julio, corriente y moliente.
He de decir que, de los periódicos, siempre me ha llamado mucho la atención una sección en particular. La que sin duda, es la sección más 2.0 del rotativo, la que se forma en base a la opinión de la gente, la que permite expresarse al lector, la que pulsa el sentir del pueblo.. Las cartas al director.
De las cartas al director de La Vanguardia de ese día, una me ha llamado especialmente la atención. Espero que Un Barcelonés Vergonzante (autor/a de la carta) me disculpe por transcribir sus palabras, que luego comentaré brevemente.
Señor Director:
He sido testigo y también protagonista de lo que considero una vejación pública. Se trata de la cola de personas que se hace cada día laborable delante del Monte de Piedad de la calle Hospital o casa de empeños.
Por un problema que no viene al caso, tuve la necesidad de ir a empeñar unas joyas. Me presenté e dicha oficina a media mañana. El portero, muy amable, me indicó que no podía entrar, pues para ello es necesario poseer un número de turno, los cuales se entregan cuando abren a las ocho y cuarto, advirtiéndome de que fuera pronto pues, dijo, que había quien a las seis de la mañana ya se ponía a hacer cola.
Al día siguiente, no pensando que habría tantas personas me presenté a las seis y media y por suerte, pude coger el último número verbal, el cuarenta, que se va transmitiendo de una persona a otra, o sea que ya había más de cuarenta necesitados, pues algunas íbamos acompañadas, exponiendo delante del tránsito que hay en esta calle, exponiendo digo, nuestras necesidades, lo que considero una vejación, primero porque no hay que hacer públicas las necesidades de los demás; segundo, porque hay que respetar a estas personas necesitadas sus horas de descanso y los sufrimientos de las inclemencias del tiempo, lluvia, frío, estar de pie, etc.
¿Por qué no organiza esta piadosa caja un sistema para que esto no suceda? Si cada día atienden sólo a 40 personas, ¿por qué no ponen más personal o más oficinas? Teniendo en cuenta los intereses que cobran, hasta un 14 por ciento según la cuantía, creo que no es mal negocio y, por tanto, dar mejor servicio.
También podrían mejorar su productividad, tal como el caso del señor tasador, también muy amable,
que aparte de tasar, hace el envoltorio dónde guardan las joyas. Sl le pusieran un ayudante podría hacer el doble de números. En fin, soluciones hay muchas.
Lo que no se debe tolerar es que sucedan las cosas tal como están ahora y con el agravante de que alrededor de esto se ha montado la pícaresca de la venta de números a mil pesetas, pués hay una especie ‘de mafia que se adjudica los primeros números y cuando llega el primer desconocido (estos mafiosos van cada día) le dan un número elevado y cuando ya hay bastantes personas en la cola vienen las ofertas de venta del número uno al diez o quince. El caso es que cuando me dieron el número efectivo me tocó el treinta y dos, o sea, que ocho ya no cogieron número por no haberlo podido vender.
Otras personas que llegaron más tarde se gastaron las mil pesetas. Lamentable.
Fdo. Un Barcelonés Vergonzante
Lo primero que me produce la lectura de esta carta es esbozar una sonrisa cómplice. Acto seguido la sensación es de añoranza (fíjense, ¡de algo que no he vivido! Ya lo decía Sabina…) y después un sentimiento de comprensión hacia el autor/a y protagonista del relato y solo un segundo más tarde.. resignación.
¿Es posible que veintiocho años después sigamos en las mismas? De acuerdo, ahora los números no se otorgan verbalmente (o no todos) y te los suele ofrecer por su boca un dispensador de color rojo.. pero ¿quién no ha vivido por lo menos una vez las colas interminables para hacer cualquier tipo de gestión o papeleo? Y el caso extremo es el de las familias, normalmente inmigrantes, que pasan noches enteras en la calle guardando un sitio para obtener, vaya usted a saber qué permiso, y que pierden al amanecer, cuando llegan las mafias. Con este documental de CUATRO, se puede entender la problemática. De pena.
Pues eso, que veintiocho años no son nada, oiga. Estoy seguro que Un Barcelonés Vergonzante esperaba que la generación siguiente fuera algo más práctica, civilizada y eficiente. Pues no buen/a amigo/a, más de lo mismo y lo que nos queda.
Eso sí, no perdamos la fe, que Internet aporta su granito de arena para aliviar el sarpullido.
Será posibleeee…
Hemos posteado sobre lo mismo! Será cosa de los genes xddd.
La verdad es que es una pasada la hemeroteca. Yo he encontrado hoy una cosita en el día de mi nacimiento, apartado “Ecos de sociedad”, que todavía me estoy partiendo de la risa. Además de las 26 colaboraciones que hizo Machado para La Vanguardia. Una joya, vamos.
Bueno, que usted lo baile bien, oiga :P
Por cierto… que me he dado cuenta cuando ya me iba. El niño de los periódicos se parece a ti de peque :)
Ciaooo